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Recomendaciones de la OMS para prevenir la obesidad

5 de febrero de 2018

obesidad en el mundo OMS

La OMS (Organización Mundial de la Salud) fue creada en 1948 como organismo especializado de las Naciones Unidas para que actuara como autoridad directiva y coordinadora en los asuntos sanitarios y la salud pública a nivel internacional. Una de las funciones constitucionales de la OMS consiste en facilitar información y asesoramiento objetivos y fiables en materia de salud humana, responsabilidad que cumple en parte por conducto de su amplio programa de publicaciones. Nos hacemos eco hoy de sus recomendaciones para prevenir la obesidad.

Estas indicaciones vienen recogidas en el documento Dieta, nutrición y prevención de enfermedades crónicas, realizado por una comisión mixta de expert@s de la OMS y la FAO ( Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) en el año 2003.

Casi todos los países (de altos y bajos ingresos por igual) padecen actualmente una epidemia de obesidad, si bien con grandes variaciones entre países y dentro de los países. En los de bajos ingresos, la obesidad es más común entre las mujeres de mediana edad, las personas de mayor nivel socioeconómico y las que viven en comunidades urbanas. En los países más prósperos, la obesidad también es común entre las personas de mediana edad, pero además su prevalencia es cada vez mayor entre los adultos jóvenes y los niños. Por otra parte, suele ir asociada a los niveles socioeconómicos más bajos, especialmente entre las mujeres, y las diferencias entre la población urbana y la rural disminuyen o están incluso invertidas.

Recomendaciones de la OMS para prevenir la obesidad

La prevención de la obesidad en los lactantes y los niños pequeños debe considerarse un asunto de la mayor prioridad. Para esos grupos, las principales estrategias de prevención son las siguientes:

  • promover la lactancia materna exclusiva;
  • evitar la adición de azúcares y almidones a la leche del biberón;
  • enseñar a las madres a aceptar la capacidad de su hijo para regular el aporte calórico, en lugar de alimentarlo hasta que haya acabado el plato;
  • asegurar la ingesta de micronutrientes necesaria para promover un crecimiento lineal óptimo.
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Las recomendaciones referentes a la lactancia materna pueden sorprender pero en el mismo documento se indica que la lactancia materna como factor de protección contra el aumento de peso ha sido objeto de al menos 20 estudios que han abarcado casi 40 000 personas. Cinco estudios (incluidos los dos más amplios) detectaron un efecto de protección; dos concluyeron que la lactancia materna permitía predecir la obesidad, y los otros no detectaron relación alguna. Probablemente hay en estos estudios numerosos efectos debidos a variables de confusión, pero la reducción del riesgo de obesidad observada en los dos estudios más amplios fue considerable (20%-37%). La promoción de la lactancia materna tiene muchos beneficios, uno de los cuales es probablemente la prevención de la obesidad infantil.

En el caso de los niños y los adolescentes, para prevenir la obesidad es necesario:

  • promover un estilo de vida activo;
  • limitar las horas de televisión;
  • fomentar el consumo de frutas y verduras. Dos revisiones recientes de ensayos aleatorizados han concluido que la mayoría de los estudios muestran que una ingesta elevada de PNA (fibra alimentaria) promueve la pérdida de peso.
  • restringir la ingesta de alimentos ricos en energía y pobres en micronutrientes (por ejemplo, aperitivos envasados);
  • restringir la ingesta de refrescos azucarados.

Entre las medidas complementarias, hay que modificar el entorno para aumentar la actividad física en las escuelas y comunidades, crear más oportunidades para las relaciones familiares (por ejemplo, hacer las comidas en familia), limitar la exposición de los niños pequeños a la intensa publicidad de alimentos ricos en energía y bajos en micronutrientes, y ofrecer la información y las herramientas necesarias para hacer elecciones correctas en materia de alimentación.

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No se puede dejar de lado la importancia de hacer oidos sordos, no sólo en el caso de niñ@s y adolescentes, a la publicidad en materia de alimentación puesto que su consecuencia habitual es sustituir alimentos saludables y ricos en nutrientes y multitud de sustancias beneficiosas para la salud por alimentos, por llamarlos de alguna manera, ricos en azúcar, sal, grasas y muy poco nutritivos.

Los tamaños de las raciones, especialmente en algunas cadenas de comida rápida, no son un asunto menor tampoco. Las raciones grandes son un posible factor causal en el aumento de peso perjudicial.

Para concluir, en los países en desarrollo hay que procurar sobre todo evitar la sobrealimentación de los grupos de población que padecen retraso del crecimiento. Las actividades de educación destinadas a las madres y las comunidades de bajo nivel socioeconómico que padecen inseguridad alimentaria deben insistir en que el sobrepeso y la obesidad no son sinónimo de salud.

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