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Noticia de la Multa a dos laboratorios hoy en El Pais

9 de abril de 2014

manifestacion transgenicosOs propongo de nuevo uno de mis juegos favoritos: observar las noticias de diario español El País sobre transgénicos, farmaceúticas o salud, especialmente los firmados por Emilio de Benito, un habitual en estas lides, y analizar como está redactado el artículo y lo que el autor quiere que pensemos les que lo leemos. Me centro en El Pais porque es el más vendido por estas tierras y es mi elegido para ver cual es la agenda que a los grupos de poder les interesa poner de actualidad. Para esto, los periódicos y la televisión (supongo, porque hace muchos años que no la veo) son un escaparate privilegiado.

La noticia que destaco hoy me parece doblemente interesante:

Multa a dos laboratorios por ocultar el riesgo de cáncer de un antidiabético

– Primero, por la noticia en sí misma. Un laboratorio ocultando informes sobre los efectos de alguno de sus productos para no perder dinero. Vaya, que raro.. En cuanto a cómo reorientar una noticia, los tres o cuatro últimos párrafos del artículo me parecen de manual. No quiero insistir en ello, no sea que acabe resultando yo igual de manipulador. Si os interesa le echais un vistazo y os hacéis una idea.

Me parece conveniente volver a recordar otra noticia semejante y complementaria que me hizo hervir la sangre hace unos años y que es paradigmática del funcionamiento de los gobiernos de los paises hoy en día. La noticia era esta:

El gobierno de España ocultó durante siete años el informe sobre los tóxicos en el pescado

– Segundo, por la relación que tiene esta noticia con otros campos directamente relacionados con la alimentación (aunque la diabetes, para cuyo tratamiento se utiliza el fármaco de la noticia de El Pais, está directamente relacionada con la alimentación), como puede ser el de la seguridad de los alimentos transgénicos. Recordemos que los principales estudios sobre los efectos en la salud de los alimentos modificados genéticamente los realizan las propias empresas que los desarrollan, amparándose en los derechos de propiedad intelectual. Y son estos estudios los que utilizan las agencias gubernamentales como la FDA estadounidense y la EMEA europea para determinar si determinado producto cumple los requisitos para ser vendido a los ciudadanos-consumidores.

Pues bien, a estas alturas de la película ya somos muchas y muchos los que dudamos de las intenciones y la buena fe tanto de las grandes empresas como de los gobiernos de nuestros paises y, más aún, dudamos que sean grupos de poder con intereses diferentes. Y dudamos, a parte de porque digan que dudar sea sano, porque estas mismas instituciones no tienen ninguna duda en afirmar que su principal preocupación, y quizás la única, son sus beneficios. Durante años han gozado del margen de confianza de la duda, ya no. Quien te engaña una vez, te engaña dos, a no ser que algo se transforme radicalmente. Y eso no ha ocurrido. Como decía un amigo hace tiempo: “Es feo que tu padre no te quiera. Pero si no te quiere, no te quiere.”

Voy a dejar aquí, en bruto, mi opinión sobre un par de las discusiones existentes dentro del complejísimo campo de los alimentos transgénicos:

Desde mi punto de vista, parte del debate, por mucho que algunos, como el propio Emilio de Benito en otros artículos, pretendan introducir confusión, se puede enmarcar muy claramente. Por una parte, las personas a quienes encanta la tecnología y confían plenamente en los actores de los que venimos hablando han de tener derecho a consumir alimentos transgénicos. Faltaría más. Que a usted le encantan los alimentos de origen transgénico porque adora su falta de sabor y aroma cuando se cultivan en una agricultura intensiva o porque siente fascinación por los tubos de ensayo, ahí los tiene, abundantemente distribuidos por los lustrosos supermercados. Que además, ideológicamente, y a pesar de todas las pruebas en contra, que son todas, le place creer que los transgénicos son la solución al problema del hambre en el mundo, perfecto, existe, esta sí, la libertad de credo. Lo que no es de recibo es que a las personas que no tenemos estas preferencias nos puedan obligar, que es lo que pretenden, a comer alimentos de origen transgénico sin nuestro conocimiento. El debate es simple, ¿no? Que prefieres comer transgénicos, come transgénicos. Pero que los que no queremos comerlos tengamos el derecho y la posibilidad de no hacerlo. Etiquetado claro, sí gracias.

Por supuesto, esta es solo una de las partidas, y de las más pequeñas, que están en juego en el debate sobre los transgénicos. La principal, a mi entender, no está relacionada con nuestra salud, siendo como es bien importante, sino el hecho de que, al margen del interés de la ciudadanía, confundida por los cantos de sirena que los medios de comunicación propagan al servicio de sus anunciantes, accionistas y patrocinadores, que es a quien sirven los medios de comunicación, por favor, no lo olvidemos, el hecho de que, como decía, lo que está en juego es el modelo de agricultura de las sociedades humanas. Y sus propietarios. Detrás del tema transgénicos se encuentra, disfrazado, el hecho de que nuestra alimentación puede quedar en manos de empresas como la que protagoniza el titular de hoy. Que el campo sea de los y las agricultoras o de Monsanto, eso es lo que está en juego. Que las semillas origen de nuestros alimentos sean las que la naturaleza ha creado para el juego de la vida o las que han diseñado los Expertos al servicio de los CEOS de grandes multinacionales para hacer su negocio aún más boyante. Cada año más lucrativo. Lucrativo empieza como Lucifer, ¿será casualidad?

Acabo este rollo que os estoy soltando con una vana reflexión final: sois los habitantes de las ciudades a quienes estos asuntos ahora mismo interesan poco, los que vais a tener que luchar por vuestra alimentación y la de vuestros y vuestras descendientes. Y si no  lucháis, ya sabeis quien va a vencer, porque gobiernos y grandes multinacionales están del mismo bando. Y siempre hay dos bandos. Digo esto porque actualmente está cobrando fuerza un movimiento, poco publicitado, por supuesto, pero consistente, que nos está llevando a muchas de las personas que tenemos las preocupaciones que se muestran en este artículo, de vuelta al campo. De vuelta a la profesión más hermosa del mundo precisamente porque nos interesan nuestros alimentos y porque nos interesa la pachamama. Y cuando nos hayamos ido casi todas, no habrá quien defienda o levante la voz por estos asuntos y si no hacéis vuestra esta preocupación, los transgénicos se instalarán en todos los productos que os ofrezcan. Hay países del mundo, como Estados Unidos, donde ya pasa. Suerte.

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