¿Hay que comer de todo un poco?
Hay que comer de todo un poco es una de las frases más comunes que pronuncian los nutricionistas que aparecen en los medios empresariales de comunicación. Es también una frase repetida por mucha gente cuando alguien les pregunta en qué consiste una dieta sana.
Es también corriente que los nutricionistas televisivos añadan la siguiente sentencia: Ningún alimento es malo o bueno por sí mismo.
Lo sorprendente es que, sin ser inexactas, seguir insistiendo en estas dos frases tan aceptadas es, desde luego, un error y probablemente una irresponsabilidad. Los motivos que pueden llevar a tantos expertos en nutrición a hacer estas afirmaciones los desconocemos.
Veamos por qué nos parecen tan peligrosas:
Hay que comer un poco de todo
Hay que comer un poco de todo es una afirmación que podría tener sentido hace más de 30 años o en algunas comunidades cuya alimentación es, por decirlo de algún modo, tradicional. Hoy en día es una aberración. Y el problema es que este tipo de sentencias cala profundo en nuestra forma de entender la realidad.
¿Qué significa que hay que comer de todo? ¿De desayuno una pantera rosa, después un tigretón, para comer una hamburguesa de una gran cadena y para cenar una pizza a domicilio o unos espaguetis de sobre? ¿Todo ello aderezado con una bebida refrescante azucarada?
No tiene ningún sentido y, además, nos parece indicar que, de vez en cuando, conviene comer una pieza de fruta o una ensalada y ya está: de todo un poco.

Sin embargo, si echamos un vistazo a la sabiduría convencional sobre nutrición, plasmada, por ejemplo, en las clásicas pirámides alimenticias, vemos que esa frase no está avalada en ninguna fuente.
Lo que estas pirámides alimenticias indican es que hay que comer mucho de unos pocos grupos de alimentos: frutas, verduras y hortalizas, cereales y legumbres. Del resto, como carne, pescado o huevos dos o tres veces por semana, o, en el caso de otros grupos de alimentos, casi nunca.
Así que podríamos reformular la frase para que tuviese sentido, cosa que casi nunca se hace: hay que comer de todo dentro de las frutas, verduras y hortalizas, cereales y legumbres.
Ningún alimento es malo o bueno por sí mismo
El problema se aumenta cuando incluimos el segundo lugar común de la nutrición publicitaria, esa de que ningún alimento es malo o bueno por sí mismo. Otra falacia. Efectivamente, lo importante es la dieta global pero hay muchos, muchos, alimentos, como los alimentos precocinados, las bebidas azucaradas, los dulces, por poner unos ejemplos, que de saludables no tienen nada. Conviene tener esto muy claro. Mucho más que pensar que los alimentos no son buenos o malos por sí mismos.
Una dieta es, principalmente, la suma de alimentos. Que una dieta sea sana o no depende de estos alimentos.
Aquí no pretendemos convencer a nadie de que siga una dieta u otra, que coma algo o deje de comer algún otro alimento. Esto es responsabilidad de cada cual. Lo que nos parece importante es que sepamos lo que hacemos cuando escogemos un tipo de dieta u otra. Si preferimos comer, con perdón, mierda envuelta en celofán, que es una actitud tan digna como otra cualquiera, que por lo menos tengamos claro lo que hacemos y no pensemos que, como hay que comer de todo, no debe estar tan mal.
La realidad es que la alimentación en nuestras modernas sociedades es, en general, malísima. Comemos multitud de cosas que no alimentan. Nos dan energía y nada más. La tremenda expansión de las enfermedades crónicas, cada vez a edades más tempranas, en nuestras sociedades, tiene uno de sus pilares en el sinsentido en que se ha convertido la alimentación empresarial moderna.
¿Exagero? No lo creo. Desde luego, aquí sólo he dejado unos apuntes, durante numerosas entradas hemos ido abordando aspectos concretos de este sinsentido y lo seguiremos haciendo.
Sirva este artículo como una llamada de atención sobre un problema al que no se le presta, desde nuestro punto de vista, el interés necesario. Y los motivos son muchos y no tan extraños.


