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El Gobierno de España ocultó durante siete años el informe sobre los tóxicos en el pescado

20 de septiembre de 2011

A finales de esta primavera de 2011 se hacía público un comunicado de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria (AESAN) en el que se recomienda a las embarazadas y a los mejores de un año no comer ni atún ni pez espada, debido al elevado contenido en materiales pesados que contenías, sobre todo mercurio y cadmio. Para niñas y niños de 3 a 12 años se recomienda no superar los 50 gramos a la semana.

TintoreraPoco tiempo después se descubrió que ya en diciembre de 2003 un informe elaborado por el Instituto Español de Oceanografía (IEO) recogía niveles altos de mercurio en el pez espada, el marrajo o la tintorera. Sin embargo, este informe se clasificó como confidencial y ninguno de los Gobiernos de España desde entonces lo ha hecho público, hasta este año.

A día de hoy, se estima que en España hasta el 64% de los bebés nace con más mercurio en sangre del deseable, siendo el principal contribuyente el consumo de pescado graso por parte de la madre. Según el  Instituto Carlos III los niveles de mercurio en sangre de los españoles son entre 7 y 10 veces más altos que los de alemanes o estadounidenses.

Niño con su madre

Y el motivo por el que se ha publicado un estudio tan relevante, para las personas que vivimos y comemos en España y en el mundo, no ha sido el interés de los diferentes Gobiernos de España, tanto del PP como del PSOE, por la salud de los ciudadanos españoles sino porque OCEANA, una organización que se dedica a la conservación marina en Europa ha mantenido un litigio durante estos 7 años contra el Gobierno de España por ocultar los datos del informe del Instituto Español de Oceanografía.

Recogemos hoy una entrevista con Xavier Pastor, fundador de Greenpeace España en 1984 y director de Oceana en la actualidad, donde explica todo el proceso hasta el momento en que la AESAN se vio obligada a hacer públicos los datos del informe original.

Antes de la entrevista no podemos evitar resaltar el hecho de que no ha habido ninguna repercusión política. No sabemos si a vosotros os parece igual de relevante que a nosotras, teniendo en cuenta que los Gobiernos tienen el DEBER de servir a sus ciudadanos, pero para nosotros noticias como estas desprestigian la democracia en la que supuestamente vivimos y la convierten en un pequeño teatrillo macabro repleto de personajes indignos de confianza.

xavier pastor, OCEANA¿Cómo se enteró de que el Gobierno ocultaba desde 2003 un estudio sobre tóxicos en el pescado?

Fue durante una campaña de Oceana para pedir la reconversión de las fábricas de cloro que utilizan células de mercurio y que son las principales responsables, junto con ciertas centrales térmicas, de la contaminación de las especies pesqueras por este metal pesado. Era el año 2006 y supimos que el Instituto Español de Oceanografía (IEO), donde he trabajado durante 11 años, había realizado este estudio.

¿Y cuál era la razón para mantener oculto ese informe?

Sospechábamos que no lo querían publicar porque los resultados eran alarmantes, como se ha demostrado. Y tenían miedo del impacto sobre el sector pesquero.

¿Fue el gobierno del PP o el del PSOE el que lo ocultó?

Los dos. El informe se realizó al final del último gobierno de Aznar. Pero luego llegó Zapatero. Y la ministra Elena Espinosa lo mantuvo en secreto.

En el ministerio aseguran que se trataba de un informe interno que pensaban remitir algún día a la Comisión Europea…

Eso dicen… Pero si por algo destaca España es por sus maniobras para entorpecer las iniciativas medioambientales de la Comisión.

¿Estaba obligado el Gobierno a hacer público ese estudio?

Sí. La Ley de Acceso a la Información Ambiental obliga a que todos los documentos de Medio Ambiente sean públicos. Para más inri, se trata de un informe que se hizo con dinero público, a cuenta de los Presupuestos Generales del Estado. Y se supone que con el objetivo de velar por la salud de los españoles.

¿Qué hicieron en Oceana para conseguir el informe?

Primero lo pedimos por escrito al IEO, que nos contestó que debíamos solicitarlo a la Secretaría General de Pesca, el organismo que lo había encargado. Así lo hicimos.

¿Y?

Silencio administrativo.

O sea, que les dieron largas.

Peor. Ni nos respondieron. Así que decidimos acudir a los tribunales. Y nos embarcamos en un contencioso administrativo en 2007.

Con paciencia y una caña…

No es la primera vez que recurrimos a la justicia.

¿Por ejemplo?

Habíamos pedido el listado de barcos españoles que tienen permiso para cortar las aletas de los tiburones. Sin las aletas es más fácil almacenarlos a bordo, como si fueran torpedos. El mercado del tiburón es peculiar. Las aletas son muy caras. Se exportan a países asiáticos para hacer la famosa sopa. El resto del cuerpo también se consume, pero es mucho más barato.

¿Y para qué querían esa lista?

Para facilitar el control de las capturas y evitar fraudes. Oceana investigó el comercio de aletas y descubrimos que entre las especies más demandadas está la tintorera, el marrajo, el pez martillo y el pez zorro. Los tres últimos están en la lista roja de especies amenazadas y son objetivo de la flota palangrera española.

¿Consiguieron el informe?

Sí, gracias a los tribunales. También litigamos para pedir que el ministerio nos diese las ‘cajas azules’ o registros vía satélite de la posición de los barcos de arrastre, registro que nos permite conocer si faenan en zonas ilegales. El Gobierno nos dio la información a cambio de retirar el contencioso.

Volvamos al informe del mercurio. ¿Qué tribunal llevó el asunto?

La Audiencia Nacional.

¿Y cuándo emitió sentencia?

En diciembre de 2009. Falló en favor de Oceana, pero el ministerio siguió toreándonos… Un año después del fallo, nos enviaron el informe, pero mutilado.

¿Mutilado? ¿En qué sentido?

Nos mandaron un informe incompleto que solo incluía especies pesqueras de pequeño tamaño. Pero no el anexo, calificado como ‘confidencial’, en el que aparecen el pez espada, el marrajo o la tintorera, que son los que registran una mayor acumulación de metales pesados.

¿Y qué hicieron?

Pues reclamar. La Audiencia Nacional reiteró la obligación de entregar el informe completo en diciembre del año pasado. Y en marzo, por fin, nos lo dieron.

¿Por qué cree usted que dieron al fin su brazo a torcer?

X.P. Por la sentencia, claro. Pero también porque hubo una remodelación ministerial. Se fue Elena Espinosa y entró como ministra Rosa Aguilar. Y lo más importante: se fue Juan Carlos Martín Fragueiro, secretario general del Mar, y con su marcha se esfumó buena parte de la capacidad de presión que tenían los pescadores. Los ministros firman… y punto. Pero el verdadero poder está en los secretarios generales, que son los que conocen el día a día. Y Martín Fragueiro es una persona muy ligada a los armadores.

Dice usted que el informe se lo entregaron en marzo. Sin embargo, no se publicó nada hasta hace unas semanas, ¿por qué?

Como nos temíamos, los datos que se habían ocultado eran preocupantes. El 62 por ciento de las muestras de marrajo superaba el nivel máximo permitido de mercurio. El 54 por ciento de las muestras de pez espada estaban por encima del límite legal en mercurio y el 79 por ciento excedían el límite de cadmio. En la tintorera, la mitad de las muestras tiene una concentración superior a la autorizada.

¿Entonces, a qué esperaban?

En el ministerio estaban muy preocupados. Temían desayunarse con un comunicado nuestro en plan alarmista y que se montara un cristo. Pero no es nuestro estilo. Pedí una reunión y nos sentamos con ellos. Lo cierto es que se estaban comiendo un marrón que no era suyo, pues había sido el equipo anterior el que había escondido el estudio. Así que pactamos cómo había que informar de manera responsable. Porque alguien tiene que decir lo que está pasando. Pero creo que es importante que sea el Gobierno, y no una organización ecologista, el que alerte a la población. Y había que explicar muy bien que no todo el pescado contiene veneno, ni mucho menos. Así que acordamos que fuese Sanidad la que anunciase los resultados y emitiese unas recomendaciones. Y así se hizo.

¿Están de acuerdo con esas recomendaciones?

Sí, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria recomienda a las embarazadas y en periodo de lactancia y a los menores de tres años que eviten consumir pez espada, tiburón, atún rojo y lucio. Para niños de 3 a 12 años aconseja limitar el consumo a 50 gramos a la semana o a 100 gramos en dos semanas. También sería conveniente que el Gobierno pida a pediatras y ginecólogos que adviertan a los padres y a las embarazadas. Además, en Estados Unidos grandes cadenas de supermercados han firmado acuerdos con Oceana para que en sus pescaderías figure en un letrero la recomendación de que los niños no consuman estos productos. Esperamos lo mismo en España.

Pues el cristo se ha montado de todas formas. El sector pesquero ha pedido una rectificación a Sanidad por lo que considera una alarma infundada.

Es una vergüenza. El informe se debería haber hecho público hace siete años. Casualmente, el Instituto Carlos III publicó hace poco otro estudio en el que advierte de que los niveles de mercurio en sangre de los españoles son entre seis y diez veces más altos que los de alemanes o estadounidenses. Todo encaja. Comemos más pescado que ellos y pertenecemos a un país que no limita las emisiones de mercurio.

Pero los pescadores ven lo que ha pasado con el pepino a raíz del E. coli y es lógico que se preocupen.

Ojo, los pescadores no tienen la culpa. Y es comprensible que defiendan sus intereses, pero no a costa de nuestra salud. Arremeten contra el mensajero y no contra el culpable. Y el principal culpable son las fábricas de cloro-álcali que utilizan una tecnología obsoleta y para la que existe alternativa.

Explíqueme eso.

La UE exigió la eliminación de las celdas de mercurio y puso como límite 2007. Pero el Ministerio de Medio Ambiente, con Cristina Narbona, acordó una prórroga hasta 2020 con las comunidades adonde están ubicadas las ocho plantas de cloro que hay en España. Y cada año que pasa son decenas de toneladas de mercurio las que acaban en el medio ambiente. Allí permanece durante décadas, contaminando. El mercurio afecta al sistema neurológico y puede causar temblores, irritabilidad, pérdida de memoria, retraso cognitivo, dolores de cabeza, depresión… Atraviesa la placenta. Hay miles de estudios. Y si las autoridades sanitarias advierten de su peligro, créame, antes ya se han apretado bien los machos, porque saben que la reacción del sector pesquero será furiosa.

Pero los pescadores argumentan que los beneficios de comer pescado contrarrestan los posibles efectos negativos.

Comer pescado es bueno de manera global. Eso es cierto en el pescado azul más pequeño: sardina, jurel, caballa… No en los grandes depredadores, como el tiburón o el pez espada, donde el mercurio se acumula en su forma más peligrosa: el metilmercurio. Pero por muy bueno que sea el omega 3, el mercurio que te metes en el cuerpo no lo vas a poder expulsar. Es una ruleta a la que no debe jugarse. Los plomeros también pusieron el grito en el cielo cuando se prohibió utilizar plomo en las cañerías. Pero oiga, es que es tóxico.

Fuente entrevista:

http://entrevista-a.com

Fuente imagen:

http://cuentosparaninos.blogspot.com/2011/05/poema-un-nino-con-su-madre.html

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