Alimentos funcionales: Ácidos grasos omega-3

Las tendencias en alimentación actuales indican un interés creciente de los consumidores en los países occidentales y en algunos en desarrollo, por incluir en la dieta aquellos alimentos que presentan algún beneficio específico para la salud, según el estado del conocimiento científico. Son los llamados alimentos funcionales.
Estos alimentos funcionales, sean naturales o no, detalle todavía en disputa, han apuntado principalmente a las patologías cardiovasculares, salud de los huesos y osteoporosis, regulación del peso y del rendimiento físico, sensibilidad a la insulina o diabetes, el estado mental y psíquico o el cáncer relacionado con la dieta, como focos de acción.
Dentro los alimentos funcionales más conocidos destacan los ácidos grasos omega-3.
Los ácidos grasos omega-3 son unos ácidos grasos poliinsaturados esenciales para el ser humano y que debemos suministrar a través de la dieta puesto que nuestro organismo no es capaz de producirlos. Los ácidos grasos omega-3 forman parte de los triglicéridos y fosfolípidos, componentes fundamentales de los lípidos en el cuerpo humano.
Dentro de este grupo de ácidos grasos omega-3 se encuentran tanto el alfa-linolénico, procedente de semillas como el lino, y los ácidos grasos de procedencia animal, como el EPA y el DHA, que se encuentran especialmente concentrados en los pescados y, dentro de ellos, en los pescados azules.
Siempre que hablamos de los ácidos grasos omega-3 es necesario hablar de los ácidos grasos omega-6, que son igualmente esenciales para el organismo humano y han de ser aportados mediante la dieta. Cada vez parece más seguro que los efectos en el organismo dependen de las proporciones ingeridas de ácidos grasos omega-3 en relación a los ácidos grasos omega-6.

Así, existen evidencias que sugieren que niveles excesivos de ácidos grasos omega-6 en relación con los omega-3 pueden incrementar la posibilidad de ciertas enfermedades. En general se admite que la dieta en los países desarrollados presenta un exceso de grasas saturadas y de ácidos grasos omega-6 frente a omega-3. Estas relaciones omega-6:omega-3 suelen ser de 10:1 e, incluso, 30:1 cuando la proporción óptima es 4:1 o menor.
En una entrada posterior nos centraremos en los beneficios de incluir las cantidades adecuadas de DHA y EPA en la dieta.
Fuente: La alimentación en el siglo XXI. Coordinadoras: Rosina López e Isabel Medina. CSIC
Fuente fotos:
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